Cuanta vanidad se esconde detrás de la figura de Marta Gutiérrez, que baja todas las mañanas por la conocida avenida Argentina en Valparaíso. Su firme caminar muestra con orgullo esas firmes y torneadas piernas que se han moldeado a sacrificio diario, piernas macizas, enfundadas en zapatos de tacos altos punta aguja, quienes suben y bajan las largas escaleras de estos cerros porteños.
Marta en su acostumbrada marcha mira siempre a ambos costados recordando el día en que Rene le tendió la trampa amorosa, sentado en un paradero. Con sus lentes para el sol la observaba, ese dia como de costumbre tomo la calle que lleva a avenida Argentina sin percatarse de la presencia de Rene “ el Nardo” que la asechaba desde hace unos meses. El nardo conocido conquistador de esas áreas corrió a su lado para obsequiarle una rosa y con dulzura espontánea, agrego sobre su belleza y su gracia, Marta se sonrió, pero sus pensamientos se escapaban hacia el temor de ser descubierta por algún amigo de sus esposo, quien cumplía condena por homicidio en la cárcel de Valparaíso.
Los regalos del Nardo se hicieron recurrentes. Pasaron los años y tuvieron un hijo “ el Patria “ como le llamaban sus amigos, ya que siempre quiso hacer el servicio militar.
El patria criado por un señor que vende libros viejos en la feria de las pulgas relata la triste historia de sus padres mientras en sus manos con suave tacto acaricia y observa aquellos antiguos lentes de sol.
lunes, 5 de marzo de 2007
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